Las redes sociales, nuevos medios para nuevos mensajes políticos

Municipales, autonómicas y generales. El 2015 es año electoral y no un año electoral cualquiera. La mayoría de los pronósticos vaticinan un nuevo mapa político en España, marcado por la irrupción de nuevas formaciones y por la pérdida de representatividad de los partidos mayoritarios. Un fin de ciclo que se traducirá muy probablemente en un panorama distinto al que hasta ahora conocemos. Y que estará determinado en gran medida por la estrategia de cada formación en los medios sociales.

La evidencia de esta afirmación se constata, por ejemplo, en los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo de 2014. Nadie previó la irrupción de Podemos, convertida en cuarta fuerza política. Nadie, salvo los usuarios de las redes sociales, que siguieron en tiempo real -en sus “ultimas noticias” de Facebook o su time line de Twitter-, el crecimiento exponencial de la influencia del colectivo político y, especialmente, de su máximo responsable, Pablo Iglesias.

En febrero de 2015, el perfil de Podemos en Twitter (@ahorapodemos) cuenta con 531.000 seguidores, frente a los 209.000 del PSOE (@PSOE), los 207.000 del Partido Popular (@PPopular), o los 138.000 de Izquierda Unida (@iunida). La comparación se hace aún más significativa atendiendo a la influencia de sus líderes en la red de microblogging: Pablo Iglesias (@Pablo_Iglesias_) tiene 820.000 followers, Mariano Rajoy (@marianorajoy) cuenta con 700.000 seguidores; Cayo Lara (@cayo_lara) con 176.000; y Pedro Sánchez (@sanchezcastejon), con 130.000. En este sentido, resulta también reseñable que el diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón (@agarzon) registre casi 300.000 seguidores (muchos más que el propio coordinador federal del partido o que el máximo representante del que se considera primer partido de la oposición, Pedro Sánchez.

La diferencia fundamental entre los nuevos y los viejos partidos políticos, entre los nuevos y los viejos actores, es que los primeros han asumido la famosa sentencia de McLuhan “el medio es el mensaje”, y han lanzado un mensaje nuevo a través de los nuevos medios. De ahí que, sin apenas financiación ni infraestructura, se han constituido en los protagonistas de la comunicación política en España. Y todo ello porque actúan en los nuevos medios de acuerdo a las nuevas estrategias, determinadas por dos factores fundamentales: la naturalidad y la interacción.

  • Naturalidad: El perfil de Pablo Iglesias en Twitter data de junio de 2010, mientras que otros candidatos a las europeas se los abrieron coincidiendo con la campaña electoral. Y después de las elecciones, los abandonaron. Para los viejos actores, la presencia en redes sociales es una latosa obligación impuesta por sus coordinadores de campaña. Para los nuevos actores, constituyen un canal rápido y eficaz para comunicarse con los ciudadanos.
  • Interactividad: Tener presencia en Twitter no es lanzar tuits. La interactividad es la que determina la calidad de los referentes en medios sociales, sean marcas, instituciones o representantes políticos. Y esa interactividad es mucho más apreciada por los interlocutores cuando procede del titular del perfil y no está elaborada por asesores más o menos afortunados en los nuevos medios y los nuevos mensajes.
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El informe ‘Sociedad de la Información en España’ advierte signos de agotamiento en las redes sociales

¿Estamos ante el fin de Facebook, Twitter o (ejem) Google+? Podría ser, aunque parece que no de forma inminente. La Fundación Telefónica acaba de publicar la última edición de su informe anual Sociedad de la Información en España, un completo análisis del consumo de tecnología y de las tendencias en el ámbito de las comunicaciones.

Entre otras muchas cuestiones de interés, los expertos observan “síntomas de agotamiento” en los medios sociales convencionales, especialmente en Facebook y Twitter. La red social por excelencia ha pasado de un ritmo de crecimiento del 32,5% en el primer trimestre de 2012, al 15% en el mismo período de 2014; mientras que la plataforma del pajarito también decrece del 103% en 2013 al 25% en 2014.

La razón que justificaría buena parte de esta fuga de usuarios se encuentra en una mayor conciencia de la propia privacidad por parte de los ciudadanos y en la certidumbre de que las redes sociales constituyen un riesgo para esa privacidad. Así lo constata el notable crecimiento de los servicios de mensajería instantánea como WhatsApp y, especialmente, Sanptchat, que crece un 67% y que, curiosamente, se caracteriza porque los mensajes desaparecen una vez que llegan al usuario. Una garantía de privacidad equiparable al famoso “Este mensaje se autodestruirá en cinco segundos” de Misión imposible.

Las administraciones públicas se suben a la red
Otra de las conclusiones del informe Sociedad de la Información en España apunta a la creciente presencia de las administraciones públicas en los medios sociales, en consonancia con los requerimientos de la ciudadanía. Los expertos apuntan que “el uso de internet como medio de comunicación en el ámbito público está revolucionando la comunicación con las instituciones públicas” y, en este sentido, apuntan al éxito de perfiles de Twitter como @policía o @spain (Turespaña).

En España en 2014 el 49% de los ciudadanos entre los 16 y los 74 años interactuaba con las autoridades públicas a través de la red, lo que da idea del potencial de estos canales en las modernas organizaciones.

A la cabeza de Europa en la introducción de las TIC en el proceso educativo
Por último, el informe destaca la excelente posición de España en la introducción de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones en el aula, para lo que se toman en cuenta indicadores como el número de estudiantes por ordenador portátil conectado a internet o la cifra de pizarras digitales por alumno.

Por otro lado, nuestro país lidera por segundo año consecutivo la oferta de Cursos en Línea Masivos en Abierto (MOOC). Si en 2013 se ofrecieron 139 cursos, en 2014 la cifra ascendió a 256.

IMAGEN: Texting By Jhaymesisviphotography. CC BY 20

Hacia la Universidad 3.0

Ya nadie duda de la necesidad de incorporar las estrategias 2.0 en las modernas políticas de gestión organizacional. Con la misma naturalidad con la que adoptaron el correo electrónico o la web corporativa, las instituciones han de integrar los medios sociales en su planificación general  y, especialmente, en el ámbito comunicativo. Y las universidades no pueden ser ajenas a esta necesidad. El profesor de la Universidad de Alicante Andrés Pedreño Muñoz es contundente en este sentido:

Me gustaría dejar claro que la Universidad 2.0 no es una opción para nuestras universidades sino realmente algo más importante. Quizás, y sin que suene exagerado, un recurso fundamental para su supervivencia, (Pedreño, 2009).

En su ponencia ¿Qué puede ser la Universidad 2.0?: visión y estrategias de actuación[1] Pedreño Muñoz habla de la Universidad 2.0 desde una perspectiva global, no sólo comunicativa. A su juicio, las universidades españolas ha de interiorizar la filosofía 2.0 en su gestión para aspirar a convertirse en organizaciones “de calidad, competitivas, internacionalizadas, abiertas, innovadoras y capaces de asumir el liderazgo en la sociedad del conocimiento”.

En el mismo texto, el profesor lamenta que, salvo excepciones, la universidad española esté actuando como “inmigrante digital” ante el fenómeno web 2.0 y las redes sociales e incluso se esté infravalorando este nuevo paradigma, al contrario de lo que sucede en los países más avanzados.

Pero, ¿qué es la Universidad 2.0? El propio Pedreño (2009) la define así:

Una universidad académicamente emprendedora, capaz de integrar tecnologías y aplicaciones Web 2.0 en todas sus actividades universitarias, especialmente la docencia y la investigación, y decidida a implementar entre sus colectivos la filosofía innovadora y creativa definitoria de la web 2.0.

La consecución de este modelo de Universidad 2.0 suele provocar reticencias en el seno de la propia institución porque implica una visión abierta y democrática, con el concurso de toda la sociedad, frente a una tradición jerárquica y elitista, dónde solo los líderes tenían voz.

No obstante, el profesor Pedreño apunta cinco pasos para vencer esa resistencia e introducir la web 2.0 en las universidades:

  1. Mentalizar a los profesores de que el conocimiento es abierto. El nuevo principio de la economía del conocimiento es irrenunciable: “el conocimiento que se comparte crece y mejora”. En esta línea, Pedreño cita el ejemplo de los denominados Massive Online Open Courses (MOOC) o, en su versión en español, los Cursos Abiertos en Línea Masivos (CAEM), programas de formación, muchas veces gratuitos, que imparten universidades de todo el mundo a través de plataformas sociales. Ejemplos de esta experiencia son edX[2], creada por la Universidad de Harvard y el MIT; Coursera, de Stanford; o MiriadaX, en español.
  1. Orientar los campus virtuales a tareas administrativas y a la reingeniería de procesos jurídico-administrativos. A  juicio de Pedreño, “tal y como están concebidos actualmente, los campus virtuales son puertas al campo”, por lo que contradicen la tendencia general de libre difusión del conocimiento.
  1. Fomentar y dar incentivos a la introducción de herramientas web 2.0 de fácil comprensión, como blogs o wikis.
  1. Fomentar y dar incentivos a la creación de redes abiertas. Especialmente de redes virtuales de profesorado a través de las herramientas web 2.0. 
  1. Pasar de un modelo basado en la evaluación del rendimiento individual a un modelo mixto que dé cabida al trabajo colaborativo y a otras formas de aprendizaje y aptitudes definitorias de la web 2.0.

Quienes piensen que el modelo de Universidad 2.0 constituye una meta aspiracional de la universidad pública española se sorprenderán al comprobar que ya hay autores que plantean un concepto más ambicioso, la Universidad 3.0, que es el que se impone en las más competitivas instituciones norteamericanas.

[1] Pedreño, A. (2009). ¿Qué puede ser la Universidad 2.0?: Visión y estrategias de actuación. Recuperado el 28 de marzo de 2014, desde: http://utopias-realidades.blogspot.com.es/2009/08/universidad-20.html

[2] https://www.edx.org/