Hacer ciencia es (también) comunicar ciencia

El epistemólogo argentino Gregorio Klimovsky, en su libro Las Desventuras del Pensamiento Científico señala que “[…] desde un punto de vista estrecho, que deja de lado la actividad de los hombres de ciencia y los medios de producción del conocimiento científico, podemos decir que la ciencia es fundamentalmente un acopio de conocimientos que utilizaremos para comprender el mundo y modificarlo”.

Con esa misma intención de comprender el mundo (y quién sabe, quizá modificarlo), me embarqué en la aventura de realizar el MOOC Investigación científica 2.0.1: procesos clave en una sociedad digital. Desarrollado a través de la plataforma MiriadaX por un equipo de profesores de Química de la Universitat de Girona, el curso está dirigido por el catedrático de Química Miquel Duran Portas, experto en química física, teórica y computacional, y gran divulgador.

Pero, ¿ha sido realmente una aventura? Sí, sin duda. Estudié Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, por estoy adscrita a la rama de conocimiento de las ciencias sociales, mientras que tanto los profesores del curso como la mayoría de mis compañeros pertenecen fundamentalmente al mundo de las ciencias y las ingenierías. Una chica de letras en un mundo de ciencias, vaya. Chica de letras, aunque fascinada por la ciencia básica y la ciencia aplicada, deslumbrada por los avances tecnológicos, la innovación y el desarrollo, y con una insaciable curiosidad.

Algo a lo que sin duda ha contribuido mi labor profesional en el Gabinete de Comunicación de la Universidad de Castilla-La Mancha desde 2000, conviviendo con investigadores, jóvenes y seniors, con muchas cosas interesantes que hacer y que contar.

Porque, si para algo me ha servido este programa de formación ha sido para reafirmarme en mi convicción de que hacer ciencia es también comunicar ciencia. Y divulgar la ciencia, es decir, la capacidad de interpretar y difundir el conocimiento científico entre el público general sin circunscribirse a ámbitos académicos específicos.

Hasta no hace mucho tiempo, una brecha separaba a los investigadores del resto de ciudadanos. Que un no iniciado (como es el caso de un periodista) se atreviera a hablar de ciencia era considerado como un insulto por parte del colectivo de científicos, sin duda condicionados por su propia identidad de expertos y por la utilización de un lenguaje, el tecnocientífico, que no contribuía, precisamente, a facilitar el entendimiento.

Afortunadamente, esa brecha se ha reducido notablemente en los últimos años. Cada vez son más los investigadores conscientes de que la responsabilidad social inherente a su actividad implica un esfuerzo por comunicar su trabajo, especialmente si lo desarrollan en centros públicos, como las universidades. El cambio de tendencia se produjo incluso antes de la llegada de la web 2.0, pero la democratización comunicativa asociada a este tipo de canales ha dinamizado el proceso, de forma que cada vez son más numerosas y más enriquecedoras las voces científicas en Twitter, Facebook, WordPress, LinkedIn, YouTube, Instagram, Flickr o Pinterest.

Como dice el profesor Miquel Duran, “yo soy yo y mis circunstancias digitales”. El científico ha de ser el experto en el laboratorio y el community manager de su actividad investigadora.

IMAGEN: Adam Laskowitz demonstrates smartphone air quality app By Intel Free Press. cc-by-sa-2.0.

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