Cosas que no hay que hacer: El efecto “Simon says”

Hay un juego que se inventó en el Imperio Romano pero se popularizó en la Inglaterra del Siglo XIII que consiste en que uno de los jugadores asume un poder omnímodo y transmite órdenes al resto de los participantes. Se trata del Simon says (en Español, Simón dice),  bautizado así en honor a Simon de Montfort, quien en 1264 capturó al Rey Enrique III y le dirigió como a una marioneta hasta que el Príncipe Eduardo liberó a su padre y restableció la normalidad política. Durante el juego, Simón impone una acción a sus súbditos con la frase “Simón dice…” y éstos han de acatarla sin rechistar o son inmediatamente expulsados. Así, por ejemplo, si el soberano exclama “Simón dice: ¡salta!”, todos habrán de saltar para satisfacer la exigencia de su señor.

Viene esto a cuento porque el efecto Simon Says constituye un error recurrente en la comunicación corporativa. Muchos responsables de comunicación consideran que la mejor política en este ámbito pasa por identificar a su organización con su jefe, y a éste con un héroe mítico, un semidios que nos protege y nos guía, que nos dice lo que tenemos y no tenemos que hacer, que nos muestra el camino de La Verdad. Una especie de Apolo, el jefe, que se dirige al resto de los mortales a través de su Oráculo de Delfos, el agradecido Gabinete de Comunicación.

Pues bien. Lamento tener que derribar los más sólidos pilares de buena parte de los templos delcorporate en empresas e instituciones, pero ni el jefe es la organización, ni la propaganda es una adecuada estrategia para interactuar con los clientes o usuarios. El responsable de comunicación debe evitar la tentación de transmutar al jefe en un Apolo,  una especie de Simón que nos obligue a saltar a su antojo.

¿Creen que exagero? Les incluyo un ejemplo muy gráfico del efecto Simon says. Procede de la cuenta del twitter corporativo de Bankia y está datada en enero de 2012. En menos de una hora se generaron siete mensajes, siete, del líder supremo, conminando al público a saltar… o a comulgar con su irrefutable concepción del sistema financiero, que, para el caso, es lo mismo. Les dejo la imagen del drama.

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